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Blog de Aníbal Fernández

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A Famatina hay que pensarla

Les dejo una nota que ha publicado en estos días el periodista Hernán Brienza, para los que me han expresado su preocupación sobre el tema a través de las redes sociales y les gustaría informarse más, y debatir sin fundamentalismos. 

No está claro cuánta agua se utiliza, cuánto cianuro, si contamina más que la ganadería o la soja, o cualquier industria porteña. ¿Es cierto que apenas el 8% del cianuro que se utiliza en el país lo usan las mineras y el resto otras industrias tan contaminantes pero a las que no percibimos?
 
Famatina es una de esas palabras que tienen demasiada significación para la historia argentina. Desde el siglo XVII cuando fueron descubiertas las riquezas que escondía en su vientre se ha convertido en un cerro mitológico. Por ejemplo, en su imprescindible libro Facundo y la montonera, el actual secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y Rodolfo Ortega Peña demostraron lo cruciales que fueron los enfrentamientos políticos, comerciales y económicos entre el gobierno centralista de Martín Rodríguez y la defensa federal del riojano Facundo Quiroga. En ese texto sus autores sugieren la tesis de que la guerra civil entre unitarios y federales estalló, justamente, por causa del choque de intereses entre un grupo nacional de protoempresarios –liderados por Facundo y Braulio Costa, entre otros– y la casa internacional de Baring Brothers, que sostenía a la Famatina Minning Company. Por aquellos años, la década del ’20 del siglo XIX, Bernardino Rivadavia fue, primero, hombre fuerte del gabinete de Rodríguez y, finalmente, bajo ciertas condiciones irregulares, presidente de la República. Fue el representante no oficial de los negocios británicos en estas tierras –basta recordar que fue quien inició el endeudamiento externo argentino– y abogaba por un progreso liberal apoyado en las inversiones extranjeras como única palanca de desarrollo. La publicidad inglesa aseguraba que en La Rioja llovía oro y se montó alrededor de la posibilidad de la mina un negocio fraudulento inmanejable. Por esa razón, Famatina está en el nudo de la historia argentina, y cuando alguien grita “el Famatina no se toca”, acierta en una consigna que conmueve desde la profundidad del pasado y apela a viejas disputas por la soberanía nacional.

A esa carga histórica se le suman los errores políticos cometidos por la policía catamarqueña en los últimos días. Desgraciadamente, el kirchnerismo no ha podido todavía penetrar en la conciencia de las élites gobernantes de muchas provincias y se le ha dificultado imponer su máxima de que “la protesta social no se reprime con violencia”. Entonces, cada vez que se produce un acto de esta naturaleza por parte de alguno de los ejecutivos provinciales o incluso de operativos menores, los grupos “progresistas” o de “izquierda” se abusan de estos sucesos para incomodar al gobierno nacional y poner en supuestos aprietos a sus defensores corriéndolos por izquierda. Esa contradicción entre políticas publicas nacionales y provinciales, tarde o temprano, tiene que saldarse a favor de las decisiones tomadas en el 2003 por el ex presidente Néstor Kirchner. Incluso cuando hoy estemos en otro momento histórico y económico y ya las protestas no sean por la subsistencia sino por debates políticos. En la actualidad no se cortan rutas por supervivencia inmediata sino por la defensa del medio ambiente. No parece poca la diferencia.

 

La presidenta de la Nación Cristina Fernández convidó a la sociedad esta semana a tener un debate serio y responsable sobre la cuestión minera. Los argentinos nos debemos una fuerte discusión entre posturas antagónicas, pero abandonando prejuicios, falsas acusaciones, verdades a medias y estupideces conjuntas. Entre el conservacionismo reaccionario del magnate norteamericano Douglas Tompskin, el ecologismo berreta y marciano de muchos ambientalistas, la hipocresía bucanera de empresarios y políticos y la voracidad colonialista de las multinacionales debe haber un resquicio para pensar una política autónoma, responsable, sustentable humana y ambientalmente –si es que pueden separarse estos términos– y soberana.  

El peronismo lleva en sus entrañas el germen de su propia discusión. Es industrialista y generador de empleos y, al mismo tiempo, Juan Domingo Perón fue el primer líder político en la Argentina en plantear con absoluta seriedad la problemática ambiental. En su discurso del año 1972, expresó: “Cada gobierno tiene la obligación de exigir a sus ciudadanos el cuidado de sus recursos naturales, y el cuidado del ambiente urbano está implícito en él... en otras palabras, necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo, den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales de las personas, racionalizando el consumo de recursos naturales, y disminuyendo al mínimo posible, la contaminación ambiental”.
Interesantísimo. El propio Perón da una fórmula para analizar en cada caso qué es lo que hay que hacer: elabora la doctrina del menor daño posible. No se trata de ir desnudos por el mundo, constipados, para no influir el medio ambiente como parecen proponer algunos ecologistas narcisistas. La cuestión es ser conciente de que toda actividad humana daña el ecosistema y que por lo tanto hay que ser sumamente responsables a la hora de transformar el planeta que nos contiene. Y dice algo que vale la pena escuchar: hay que cambiar las pautas no sólo de producción si no de consumo… Es decir, vivir en Capital Federal con todo arreglado y “protestar por la bomba que cayó a mil kilómetros del refrigerador” es una hipocresía digna de la canción de Silvio Rodríguez.
Yolanda Ortiz, la primera secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano en toda Latinoamérica, nombrada por Perón en 1973 explicó alguna vez que: “Hasta entonces también había una idea biológica en cuanto a la conservación, se consideraba al hombre en tanto ser biológico, no como un ser integral, por eso fue realmente interesante el planteo (de Perón) porque el ambiente humano debía lograr una calidad de vida para los hombres, primero estaban las necesidades básicas de los hombres. Dice en su discurso que el hombre debe ser un ser íntegro, en relación con la salud, el ambiente, la equidad, la Justicia Social, la dignidad humana, él siempre lo decía. Eso es ético, moral, lo que corresponde.”

Propongo abrir en serio un debate sobre la minería en nuestro país. Sin chicanas, sin cobardías, sin falsas imputaciones. Ni todos los ambientalistas son marcianos ni todos los defensores de la producción mineras son agentes de la Barrick Gold. E incluso sería interesante discutir la viabilidad de la minería a cielo abierto. ¿Puede realizarse con una metodología que no sea tan lesiva? ¿Por qué las grandes potencias del mundo: China, Australia, Estados Unidos, Rusia, Sudáfrica, Perú, Canadá, Brasil, Chile, tienen derecho a explotar sus montañas de oro con minería a cielo abierto y los argentinos no podemos? ¿Quiénes están en lo cierto: los estadounidenses, los rusos, los brasileños, por nombrar a tres de las seis principales potencias o nosotros?
El Noroeste argentino tiene ciertas dificultades para engarzarse en el capitalismo nacional e internacional. No tiene grandes extensiones de tierra para cultivar soja y por su posición geográfica alejada de los centros urbanos tampoco posee polos industriales que capturen mano de obra desocupada. Recién en la última década apostó al turismo como fuente genuina de recursos –Salta fue la provincia que picó en punta– y la mayoría de la población económicamente activa depende del Estado y del empleo público. Esa situación de dependencia política genera masas de trabajadores cautivos de los vaivenes de la política. En los últimos tres años, la provincia de La Rioja, por ejemplo, según números oficiales, ha visto nacer 2000 empresas pymes para abastecer a las mineras. Deben ser estimativamente cerca de 10 mil puestos de trabajo. No es una cifra despreciable. Y en el caso de Famatina, el acuerdo con Osisko, además, incluía una cláusula en la cual la empresa estatal EMSE debía quedarse con el 30% de lo producido, cuando, generalmente, las demás mineras aportan apenas el 3% de regalías. ¿Justifica esto destrozar el cerro de Famatina? No lo sé. Y es posible que no. Pero no me cabe duda de que hay que pensarlo sin histeria y con una mirada amplia. Y también como política pública a mediano y largo plazo. Obviamente, hay que abrir, además, el debate técnico. Porque no está claro cuánta agua se utiliza, cuánto cianuro, si contamina más que la ganadería o la soja, o cualquier industria porteña. ¿Es cierto por ejemplo que apenas el 8%  del cianuro que se utiliza en el país lo usan las mineras y el resto otras industrias tan contaminantes pero a las  que no percibimos? ¿O es falso? El periodismo ha discutido mucho sobre el tema de la minería, pero lo ha hecho con absoluto desconocimiento, en el mejor de los casos, o atravesados por operaciones políticas en la mayoría.

Desgraciadamente, vivir mata. Y el capitalismo moderno más. El desarrollo industrial tiene consecuencias fenomenales para el Medio Ambiente. Entre vivir de la caza y de la pesca y destruir el planeta hay una amplia cantidad de posibilidades. El desarrollo minero no puede analizarse desde posiciones dogmáticas. “El Famatina no se toca” es un buen eslogan. Pero habría que preguntarse antes: ¿Por qué no? ¿Cuántos puestos de trabajo cubre? ¿Qué tipo de tecnología usarán para la extracción del oro? ¿Qué tipo de controles podrá realizar el Estado? ¿Hay necesidad de reestructurar la legislación en la materia? ¿Es lo mismo la agresiva minería en provincias como Córdoba que tiene cientos de recursos que en La Rioja o Catamarca con menor sustentabilidad? Más allá de las suculentas untadas que puedan recibir políticos locales, si la minería aporta el 10 o 15% de la población económicamente activa del NOA ¿no merece un debate un poco más serio que andar gritando por las cámaras de TN? Demasiada carga histórica tiene Famatina –desde el conflicto entre Rivadavia y Quiroga– para que su futuro sea vociferado melodramáticamente por operadores de un arrocero que no tiene el menor cuidado por el medio ambiente en, por ejemplo, los Esteros del Ibera? No sé si Famatina terminará o no tocándose. Lo que sí es un imperativo es reflexionar sobre ella. A Famatina hay que pensarla.

Nota de Hernán Brienza.




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Comentarios  

 
#34 Sebastian 24-02-2012 11:26
Romina.. todo contamina que vos vivas contamina si vamos a pensar a tu manera.
Dejo una direccion para el que quiera informarse lo haga sobre mineria.
martincarotti.blogspot.com/
Excelente el blog .
 
 
#33 BD 19-02-2012 11:12
leo "los errores políticos cometidos por la policía catamarqueña" es un oximoron: la policia no comete errores politicos. En el marco de los sucesos de Catamarca el policia puede haber cometido (o no) un delito. El comisario que dispuso la operacion un grave falta de tactiac y apreciación y los oficiales intevinientes errores.

Ninguno es un error "político".

Los errores politicos los cometen los políticos exclusivamente.
 
 
#32 romina 17-02-2012 19:58
A la pregunta ¿cuantos puestos de trabajo cubre?Yo me pregunto vale la pena asi cubra 50,150 o 1500 puesto si esto a largo plazo produce una contaminacion tal q la poblacion cercana se ve afectada por niños con malformaciones, crece el porcentaje de gente con cancer,la nota me parece q esta minimizando un poco el problema!La cuestion no es q las minas utilizan el 8% de cianuro del pais...el problema es q CONTAMINAAAAAAA A y punto no importa en q porcentaje!!!!! !!!!!
 
 
#31 Dafne 17-02-2012 01:21
admiro muchisimo al modelo de pais que estamos intentando construir, pero mas alla de eso, creo que el informe es serio y contundente, y tambien es verdad que nadie de los medios informa con seriedad lo que sucede...TN,America ETC manipulan la informacion con la intencion de dar vueltas las cosas obviamente ensuciando al gobierno y demas, pero creo que el reclamo de los habitantes es super legitimo, ellos no quieren que se contamine el lugar donde viven. No se podria extraer el oro de una manera menos nociva?????Estaria bueno poder realizar un debate extrictamente serio, sobre este asunto y muchos mas...
 
 
#30 Jose Alberto 16-02-2012 22:30
Convincente la nota, hasta cierto punto. El control de una empresa multinacional por parte del gobierno es lo que debería ser, peeero..... No siempre tendremos un mismo gobierno y una vez instalada la minera no hay quien la saque. Si todos los gobiernos cumpliesen con su función como debería ser, creo yo que no habría inconvenientes en que es instale la minera, pero toda la argentina sabe que no es así, por tal motivo y mas allá que en este gobierno haga respetar las layes en cuanto a cuidado de medio ambiente, otros gobiernos puede que no lo hagan ¿y entonces? En cuanto al ámbito laboral creo yo que existe otros recurso y medios para genera empleos. Otro punto a tener en cuenta es, si es que tanto se justifica la minera en cuanto a empleos, porque el mismo estado no explota los recursos en lugar de dejar que lo haga una empresa extranjera.
 
 
#29 Carolina 15-02-2012 11:33
Buenos días:

Me gusta mucho cómo cumple su función y cómo lo hizo cuando era Jefe de Gabinete, pero me gustaría que se pronunciara respecto del aumento que percibieron ustedes, los legisladores, ya que ni en las redes ni acá vi que lo hiciera. Creo que es correcto que cobren bien, pero sería mejor si tuvieran más controles y si no se jactaran de cobrar tales sueldos ya que el piso salarial, en la actualidad, es una burla.

Saludos
 
 
#28 Simon Grinberg 15-02-2012 11:04
Con respecto al segundo argumento de la nota "la contaminación que genera la minería a cielo abierto es menor que el de otras industrias" no podemos basarnos en que el hecho de que porque otras industrias generan mas contaminación ambiental podemos permitir una que genera una menor cantidad, no es un argumento valido y me eximo de caer en chicanería barata, ademas obviamente que es un porcentaje menor porque la cantidad de minas es infinitamente inferior a la cantidad de fabricas. Por ultimo al comenzar a leer la nota esperaba que al terminar haya encontrado las respuestas a los planteamientos que en ella Brienza formulo con gran criterio, pero lamentablemente no fue así. Por ultimo una cita de la nota de Hernan "¿Justifica esto destrozar el cerro de Famatina? No lo sé." yo creo que no.
 
 
#27 Simon Grinberg 15-02-2012 11:03
¿a caso el turismo que Famatina atrae no genera puestos de trabajo? sin mencionar que es trabajo sustentable para la eternidad y la minera cuando saquee el suelo se ira y no dejara nada, en ese caso creo que por superior que sea la cantidad de puestos de trabajo que genere en un periodo de tiempo no tenemos que dejarnos llevar por la inmediates y pensar un poco a futuro (si multiplicamos los puestos de trabajo generados por las mineras por el tiempo que duren y hacemos lo mismo por el generado por el turismo por el tiempo que duren o sea para siempre si nadie toca la montaña claro, al comparar el resultado veamos que le dará de comer a mas cantidad de personas).
 
 
#26 Simon Grinberg 15-02-2012 11:02
Estimado Anibal, en primer lugar me gustaría aclarar que considero que es uno de los políticos mas respetables que hay en Argentina, pero eso es debido a que ha sabido defender causas nobles en estos últimos años del país. Ahora realmente a sabiendas de que a priori aparenta a ser un pensamiento dogmático ambientalista, ¿se puede poner en tela de juicio la destrucción de un patrimonio natural? con el agravante de la mucha, mediana o poca contaminación que pueda generar, lo cual siempre se traduce en padecimientos para las personas, justificándolo en el hecho de que generara cierto porcentaje de puestos de trabajo...
 
 
#25 Jacinto 15-02-2012 02:48
Parte 4/4
Nada menos que Cháves y Correa cobran de regalías el 30 %, aunKe preveen estatizar algunas minas.
Muy de acuerdo con la nota de Brienza, estaría bueno hacer empresas mixtas, estado y privadas, pero con este gobernador y sus lugartenientes, NOOOOO, incluído el gob. han sido y son el cerebro del menemismo. Está todo dicho.
 

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