Herramientas
Buscar
Login

Blog de Aníbal Fernández

                                                                                                                       Este asunto está desde ahora y para siempre en tus manos, nene.


Notas

14 Mayo

Una entrevista con Magdalena Ruiz Guiñazú para Perfil

Dentro del orden monacal que reina en el despacho de Aníbal Fernández aparecen (como desde el tiempo y el espacio) diferentes pantallas de televisión que cubren todos los canales al mismo tiempo, objetos religiosos que atesora en una mesita, algunas fotos familiares y otra de Néstor K con una alegre sonrisa. Sobre su mesa escritorio (que lo ha acompañado al Palacio del Congreso) sólo una computadora en la que caen mensajes en forma constante. Y muy discretamente algún ejemplar de Zonceras argentinas y otras yerbas, su primer libro con el que niega emular a Jauretche.

—¿Cuándo escribe usted?
El senador Fernández ama la literatura, pero es la pregunta lógica que surge frente a una actividad desbordante.
—Bueno, nosotros somos un equipo pero yo siempre menciono a Carlitos Caramello. Porque es el que lleva el 5 en este equipo de fútbol imaginario. Cuando se trata de relatos míos, grabo.


—¿En serio?
—Claro. Es mucho más fácil contarlo grabándolo y, después, tenemos un equipito que investiga, trae la cosa en bruto. Hay cosas que se desechan. Otras que nos gustan y marcamos más o menos el formato. Carlitos se sienta, escribe y, finalmente, pasa a mi máquina y me pongo yo a hacer la corrección completa, cosa que me lleva varios días, hasta que ya no ardan las velas, pero estoy contentísimo. No soy un escritor. Yo soy un político que vio la oportunidad de decir cosas a través de un libro y que hay gente a la que le gusta tener ese libro para charlar.


—Además, usted lee mucho, ¿no?
—Me gusta leer.  Desde muy chiquito ya era así. Mi papá tenía primer grado y mi mamá, segundo. En casa no había una formación cultural. Realmente no sé quién me lo inculcó. Quizás primero con las revistas mexicanas que se publicaban en aquel momento: Batman, Superman, Flash Gordon, el Tony local. Es toda una época. Así comencé y luego alguien me conectó con alguna biblioteca, ya ni recuerdo de dónde, pero lo cierto es que yo tenía doce o trece años cuando leí Cien años de Soledad. Desde  chiquito me gustó leer mucho. Mire, mi abuelo, que tampoco tenía formación intelectual era muy lector de diarios.


—Pero usted, seguramente, también leía libros de aventuras tipo Salgari o Julio Verne, ¿no?
—Claro. Por supuesto. También Tom Sawyer. Luego, más grande, uno va creciendo con otro tipo de novelas. Papillon, por ejemplo. Yo leí la nota que usted le hizo en este diario a Carlos Fuentes y aunque Fuentes es un hombre que no tiene el mismo pensamiento político que yo… ni parecido… es delicioso. Me encanta. Yo he leído Artemio Cruz; El aura; La silla del águila, muchas de sus obras.

Y también me pasó algo muy lindo cuando, estando en Israel en febrero 2005, me recibe Shimon Peres y comienza a preguntarme acerca de la Argentina de 2002. Le expliqué que yo sentí, en aquel momento, que había que inmiscuirse. Que no había forma de rajarse. Que si la política le importaba, uno tenía que comprometerse. Y la gente se enojaba con los políticos. Eso era así. Y había que buscarle la vuelta. “Los que ganan no son los que huyen”–me dijo Shimon Peres– “Los desertores nunca ganan…” Sentí entonces que estábamos en el mismo orden y le repetí un comentario de Carlos Fuentes en La silla del águila, cuando habla de la cara de los gobernantes.

Fuentes dice que el rostro de los que gobiernan se parece al comienzo de la montaña rusa. Y ese será el rostro que tendrán durante los seis años que dura el mandato en México. Y, a raíz de esto, Shimon Peres empezó a hablar maravillas de Fuentes porque justamente en ese momento, se estaba llevando a cabo la Feria del Libro en Jerusalén. También me habló muy bien de la Feria del Libro de Argentina a la que no conocía pero cuyo éxito había llegado hasta Israel. Justamente, lo conté el otro día cuando presenté mi libro en la Feria. Luego, tuve la suerte de mantener un segundo encuentro con Shimon, un político con una excelente formación intelectual y con el que charlamos largamente, mano a mano, en el hotel Alvear.


—¿Y usted? ¿Siempre fue un hombre tan político? Cuénteme…
—Mi padre era un peronista visceral. Mi mamá venía de un hogar peronista y no recuerdo haber tenido un tío o un primo que no lo fuera. En la infancia no conocí las discusiones políticas. En mi casa pensábamos todos más o menos lo mismo. Yo nací en enero de 1957, a seis meses de la contrarrevolución y papá quería llamarme Juan Domingo, mientras que mi vieja prefería Aníbal Alberto, los nombres de sus dos hermanos varones. El juicio salomónico terminó en Aníbal Domingo. Pero lo de Domingo es por el general Perón, claro.

Sin embargo, no es por eso que amaba la política. Yo la sentía. Me gustaba. Y, desde muy chico, en la secundaria, me prendí con lo que pude y trabajé de la mejor manera posible en grupos de chicos de mi edad con poca actividad. Pero luego comencé un proceso con las organizaciones de otras características. Así se adquieren valores. Yo nunca participé de organizaciones como Montoneros ni nada por el estilo, pero tenía muchos amigos en todos lados. Así seguí hasta que, a mediados de 1975, cuando se quemaban los libros porque habían intervenido la Facultad… Y, luego, bueno… Comenzó el Proceso. He tenido experiencias desagradables.

No por mí sino porque me tocó pasar por lugares en los que sí habían ocurrido. Finalmente en 1981 empieza a darse un Movimiento y “metete, metete, metete…”, me dije. Fue una búsqueda. Luego volvió la democracia. Un tío, casado con una hermana de mi padre, tenía muchas relaciones, y empecé a trabajar con él. Ya en noviembre de 1983, un mes antes de que asumiera el doctor Alfonsín, estaba trabajando para el bloque con Rubén Mezzadra en la provincia de Buenos Aires. Y no me fui nunca más de la política. Desde ese momento sigo trabajando en política.
 

—Escuchándolo, senador, la suya es la historia de un peronista. ¿Pero usted es peronista o kirchnerista?
—Hoy es lo mismo.

—No. No es lo mismo.
—Sí, sí. Lo único que falta es que me diga usted qué es el peronismo.




Facebook! Reddit! Del.icio.us! Google! Live! StumbleUpon!
23 Enero

Nota en Tiempo Argentino: Hay que hablar claro pa´que te entiendan los criollos ...

imageimage

Unos caminitos de madera blanca conducen al entrevistado, pero hay una última barrera que franquear antes de hablar con Aníbal Fernández. “¿Son periodistas? Si quieren hacer una nota primero tienen que hablar con Laura, la dueña, a ver si los autoriza”, advierte un cuidador del balneario Ohlalá. El hombre se tranquiliza al saber que la charla está acordada de antemano. A dos metros, y ante la atenta mirada de su compinche, el diputado bonaerense José María Díaz Biancalari, Aníbal sufre por un envido malparido que le hace perder su partido de truco. El ex ministro invita gentilmente a ocupar algunas de las sillas de la carpa que tiene en el balneario desde hace varios veranos. El típico techo verde, marca registrada de la Costa Alántica, le da batalla al sol que sigue pegando fuerte. El ex jefe de Gabinete tiene el pudor de cubrir su torso con una remera blanca, cuyas letras plateadas delatan que se trata de un souvenir. “US Open” y una pelota en llamas son la evidencia concluyente de que la prenda proviene de Nueva York, donde se celebra el último torneo de Grand Slam del año tenístico. “¡Hace 15 años que no podía tomarme diez días seguidos de vacaciones, pero no me quejo, eh!”, confiesa el senador, mientras desde el cielo una voz latosa publicita el show de Daddy Brieva en Villa Gesell. “Si te digo que ya me bajé de la moto es mentira. Sigo con la Kawasaki con el tanque lleno todavía, pero ya pasará”, se esperanza Fernández.

–¿Recuerda qué estaba haciendo en enero de 2011?

–Siempre venía los jueves y me volvía los domingos. Ahora me di cuenta de que necesitaba un descanso.

–¿Tiene una estimación de cuántos llamados recibía?

–Yo armé una estructura de trabajo que sigue funcionando, que sigue recibiendo información. Tengo el iPad acá, estoy mirando, estoy chusmeando permanentemente.

–Fue senador bonaerense en 1995-6 y en una entrevista declaró que no era un trabajo que lo sedujera demasiado.

–Fui senador unos meses solamente, después me fui con José María Díaz Biancalari. Él fue como ministro de Gobierno y yo como secretario de Gobierno. Son dos momentos distintos. En aquella época yo era un legislador más, aunque una revista especializada en temas parlamentarios me eligió como el mejor senador del año, tan salame no debo haber sido. Siempre sentí la función ejecutiva y la sigo sintiendo. En este momento soy senador de la Nación, encabecé la lista de la provincia de Buenos Aires y saqué 4.639.000 votos porque me lo pidió la jefa del movimiento nacional peronista. Igual que se lo debe haber pedido a Julián Domínguez y a Amado Boudou, tres hombres del Gabinete. Yo estoy muy contento y convencido de cumplir con mi trabajo.




Facebook! Reddit! Del.icio.us! Google! Live! StumbleUpon!
15 Enero

Hay políticas del Gobierno que no deberían cambiarse nunca más


El senador Aníbal Fernández saca dos sillas de la carpa que alquila en el balneario Olalá, en Villa Gesell, y las pone al sol. “No me pidan hacer la nota a la sombra”, dice. El cielo está celeste, sin nubes, y en este balneario alejado del centro la mayoría de la gente está en la zona de las carpas. Las mujeres se broncean acostadas sobre reposeras, con una botella de agua mineral al lado. Sólo se ve a tres nenes que juegan cerca del mar, meten la arena húmeda en un balde, cada uno con su palita. Sopla el viento, agita las sombrillas de las mesas de la terraza del bar y se lo siente zumbando en los oídos. Aníbal mira por unos segundos hacia el océano.
Un rato antes de recibir a Miradas al Sur, el ex jefe de Gabinete había contestado una entrevista por teléfono, en su carpa. Luego le avisaron que había llegado el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que se acercó al balneario en una recorrida por la costa, supervisando los puestos en los que se pueden hacer los nuevos documentos de identidad. Aníbal se sacó una foto con Randazzo para los periodistas locales y después ambos se sentaron a tomar un café y –seguramente– hablaron de política. Si no fuera por la arena y el mar, podría ser la descripción de una tarde de actividad en un despacho.
–¿Logra desenchufarse en las vacaciones?
–No lo he logrado. Son muchos años en el Poder Ejecutivo. Eso es como venir en una moto, como andar en una Kawasaki con el tanque lleno y es difícil pararla. Yo me despierto, leo, escribo, analizo. Espero poder bajarme de esa moto en unos meses. De todos modos, no soy un tipo pasivo, de los que se levantan y se toman dos horas para jugar al tenis, con todo respeto por los que juegan al tenis. Estoy a las seis y media en la oficina y, como soy generador de mi propio trabajo, voy a estar siempre lleno de laburo. Aunque creo que es bueno bajar un poco los decibeles, la verdad es que yo todavía no lo he logrado.
–¿Qué anda leyendo?
–Estoy con algunos de los libros de Felipe Pigna, los de los mitos argentinos. Son interesantes. También tengo el de Magdalena Ruiz Guiñazú, La casa de los recuerdos.
–¿Se lo compró?
–Me lo regaló ella. También estoy ojeando mi segundo libro, acaba de salir, Zonceras al sol. Es distinto leerlo ya editado que verlo en la pantalla de una computadora.
–Recién dijo que se levanta muy temprano. ¿Es cierto que el primer día en el Senado llegó entre las seis y las siete de la mañana?
–Sí, a las seis y media.
–¿Había alguien?
–Claro, el Senado está abierto a esa hora. Pero quiero decir que no soy ni peor ni mejor que nadie, simplemente es mi forma. Yo no tengo noche. Soy un tipo que a las diez y media de la noche no sirve más para nada. La carroza se me trasforma en zapallo temprano. Cuando estudiaba me pasaba lo mismo, arrancaba temprano. Pero tenía compañeros que se quedaban toda la noche. Yo tengo otro método.
–¿Cómo se sintió estas primeras semanas como senador?
–Bien. Había muchas cosas para hacer. Teníamos que sacar 14 leyes que había mandado el Poder Ejecutivo para las sesiones extraordinarias. Yo tenía posición tomada sobre las 14. A todas las conocía bien. El resto del año haré lo mismo, estudiaré a fondo las leyes que haya que debatir.
–En ese paquete estuvo la Ley Antiterrorista, que generó rechazo en organismos de derechos humanos y dirigentes cercanos al Gobierno...
–Es una discusión innecesaria. Esa ley no se puede usar para criminalizar la protesta ni nada que se le parezca. Era una demanda del GAFI para que Argentina se adaptara a ciertos standars internacionales en este tema. La Presidenta lo pidió porque pensaba que necesitaba esa herramienta y listo. No va a dañar las instituciones de la Argentina.
–El Ejecutivo rechazó muchas veces demandas de organismos multilaterales. ¿Por qué se aceptó esta vez?
–El Gobierno evalúa. Tiene una Presidenta que evalúa en qué momento toma cada posición. Yo no soy quien para discutir esa evaluación, pero además voté totalmente convencido de que había que hacerlo.
–El año empezó con la intervención quirúrgica de la Presidenta, ¿cómo vio el tratamiento comunicacional que tuvo el tema?
–Desde el punto de vista del Gobierno fue excelente. En todos los países serios, cualquier dolencia que tenga que ver con el primer mandatario se comunica de forma inmediata. Eso fue lo que se hizo. Luego se realizó la intervención y cuando se descubrió que no era cáncer se comunicó, como correspondía. Todo ciudadano bien nacido se tiene que alegrar. Yo sigo mucho las redes sociales y leí a varias personas, que no son peronistas, que no votaron por Cristina, pero que estaban contentas de que le haya ido bien. Los otros son especuladores, que quieren aprovechar cualquier cosa para dañar al Gobierno. Es increíble, pero parece que la Presidenta tiene que pedir perdón por no tener cáncer.
–¿Qué le pareció el modo en que presentaron la cuestión algunos medios opositores, como Clarín o Perfil, y varios dirigentes, que insinuaron una maniobra detrás del cambio de diagnóstico de la salud presidencial?
–El diario Perfil es un apéndice de Clarín y Clarín es la mente perversa del impresentable de Héctor Magnetto. No tengo dudas de que él instruyó que se hicieran esos agravios, porque son agravios. Si no quieren ponerse contentos porque la salud de la Presidenta estaba mejor de lo que se pensaba, está bien. Pero inventar una conspiración utilizando el cáncer es de mucha mala leche. Sólo un ser perverso como Magnetto puede conducir algo así, de tanta mala leche.
–¿A qué atribuye este tipo de operaciones?
–Son las estrategias inescrupulosas con las que siempre se han manejado. Lo hacen para ver si sacan alguna ventaja sobre algo que inexorablemente va a pasar, que es la aplicación de la ley de medios. La Presidenta sacó 11.655.000 votos. ¿Qué necesidad tendría de armar una especie de operación con su salud, amargar a su familia y a todos los que la quieren? Se manejó de forma honesta. En un momento contó lo que le dijeron los médicos y después volvió a hacer lo mismo.
El viento que venía del océano se ha detenido por unos segundos. La temperatura sube. Se siente con más fuerza el sol. Aparecen gotitas de sudor por los poros de la piel. Los nenes que jugaban cerca del mar ahora están en medio de las carpas, parados a varios metros el uno del otro, pateando una pelota que salpica con arena al que esté cerca. Mientras tanto, Aníbal contesta una pregunta sobre la oposición:
–No habló de eso.
–Pero Mauricio Macri dijo que tiene la responsabilidad de construir una alternativa nacional para 2015. ¿Lo ve como adversario?
–Lo que te digo de Macri es que apareció la hija de un hombre acusado de proxeneta. (El ex ministro se refiere a Lorena Martins, hija de Raúl Martins, ex agente de la Side, acusado de tener una red de trata en Buenos Aires y Cancún). Yo no puedo ni afirmar ni negar que sea cierto lo que dice esta chica, que acusa a su padre. Pero ella también denunció que esa organización aportó dinero para la campaña electoral de Macri y nadie dijo nada de eso. La Presidenta parece que tiene que pedir perdón por no tener cáncer y Macri aparece en una foto con un socio de este proxeneta y no dice nada. ¿Cómo puede ser? Y el resto de la oposición tampoco habla. Se ocupan del falso positivo de Cristina y esto lo dejan pasar.
–Respecto de la relación con la CGT, usted dijo que había cierto machismo en la cúpula de la central obrera.
–Lo que me preocupó en ese momento es que había dos gremios que habían llamado a paros nacionales, los judiciales y los trabajadores de la Afip. En el caso de los judiciales tenían un planteo salarial. Me parece bien que lo hagan, pero qué sentido tenía lanzar un paro en el arranque de la feria judicial. Los empleados de la Afip discutían una cuestión de horario. No digo que no tengan que reclamar lo que les parezca, pero, ¿cuatro días de paro por un problema de horario? Se vio, entonces, que de fondo había un problema de poder político porque ambos gremios son muy cercanos a Hugo Moyano, que aclaro que es mi amigo. Dije que a algunos les molesta que el movimiento nacional peronista esté conducido por una mujer. Pero, les guste o no, la jefa del peronismo es Cristina y tiene que bregar por el crecimiento armónico de todos los sectores.
–¿La posición de Moyano no tiene que ver con haber perdido apoyo político para seguir siendo el jefe de la central?
–La CGT es una institución que se maneja por su cuenta. Nosotros no tenemos nada que ver en eso.
Aníbal Fernández, que ahora mira por unos segundos hacia el mar, tiene un récord. Fue ministro durante 9 años, 11 meses y 8 días. Ocupó la cartera de Producción con Eduardo Duhalde, la de Interior con Néstor Kirchner y las de Justicia y Jefatura de Gabinete con Cristina Fernández. Sin duda es un observador privilegiado de las posibilidades y los límites del poder político.
–¿De qué depende la capacidad de transformación de un gobierno, de la voluntad, el contexto, o una mezcla de estos factores?
–Cuando vos tenés un presidente como Néstor Kirchner o una presidenta como Cristina Fernández, que no temen tomar decisiones, que trabajan todo el día, porque un presidente no tiene horario, y cuando esos presidentes están convencidos de lo que quieren llevar adelante, las propuestas se hacen fáciles. Uno, como ministro, busca más ideas, políticas públicas que resuelvan problemas de fondo, como se ha hecho, como la recuperación de las jubilaciones o la creación de la Asignación Universal por Hijo. Son cosas que no deberían tocarse nunca más. Aristóteles decía que las leyes no nacían cuando se sancionaban sino cuando echaban raíces en la sociedad, generando hábitos colectivos. Ese es el objetivo. Impulsar medidas que generen un hábito colectivo que sólo pueda ser reemplazado por algo superador.
–¿Hay alguna medida de la que usted haya participado por la que sienta una satisfacción particular?
–Todas las que mencioné. Agregaría también el matrimonio igualitario. A mí me llega especialmente porque amo profundamente la libertad. Cada uno tiene que vivir como quiera y tener los mismos derechos. Impulsar leyes que generen derechos para sectores de la sociedad que fueron censurados o agraviados me satisface. Me hace sentir muy honrado de poder participar de este proyecto.
–¿Qué cosas pueden cambiar de una persona si está tantos años en la gestión? ¿De qué debería cuidarse?
–Alguien que estuvo en un cargo Ejecutivo y sentía que tenía estatura para ocuparlo jamás contestaría eso. Yo siempre me sentí con la estatura para estar en los lugares que ocupé. Ningún ministro duró hasta ahora tanto como yo. Siempre estuve muy convencido de lo que hice y sobre todo desde el año 2003. Yo, que soy un peronólogo hecho y derecho, en ese momento vi que por primera no se mencionaba a Juan Perón y a Eva sino que se hacía lo que ellos habían pregonado. De eso hablo en mi segundo libro.
–Sobre el futuro, ¿qué tema le parece clave para debatir en el corto o mediano plazo en el Congreso?
–No me gusta andar haciendo anuncios con mucha anticipación, pero creo la nueva ley de drogas es un tema importante. Cuando fuimos a Viena, al foro más importante en esta materia que tiene la ONU, planteamos que había que ir por los derechos humanos de segunda generación. Entre ellos está cuidar la salud de los que usan drogas. Las estadísticas sostienen que hay entre un 70 y un 75 por ciento de consumidores recreativos o esporádicos, un 20 o 25 de abusivos y un 5 de adictos. En cualquiera de los casos, hay que generar una ley que se ocupe de la salud de los adictos y vaya con los tapones de punta contra los narcotraficantes. El tiempo ha demostrado que las políticas represivas no lograron bajar la cantidad de producción, ni la cantidad de bandas que se dedican al narcotráfico, ni la cantidad de consumidores. No hay mejor muestra de que esa política fracasó.
La entrevista termina. El ex ministro mueve su silla unos metros y se sienta junto al diputado nacional oficialista José María Díaz Bancalari, que estaba en la carpa de al lado y salió para tomar sol, en una reposera. Los tres nenes volvieron al juego del principio, están cerca de la orilla del mar, arrodillados, metiendo arena húmeda en un balde. Todavía le quedan varias horas al día de playa. Seguramente los nenes seguirán jugando con la arena, las mujeres bronceándose, y Aníbal hablando de política.




Facebook! Reddit! Del.icio.us! Google! Live! StumbleUpon!
15 Mayo

En Radio Nacional ayer: Los liderazgos no piden permiso

Como les comenté ayer, estuve por la mañana en Radio Nacional charlando un poco de todos los temas. Ayer publicamos el audio que puede escucharse aquí, y para los que prefieren leer, aquí les dejo una transcripción de la entrevista.

 

 

Julia Mengolini:presencia de un invitado estelar, el señor Jefe de Ministros, ministro de ministros, Aníbal Fernández. Muchas gracias por venir, Aníbal.

Aníbal Fernández: Muchísimas gracias por invitarme

JM: ¿Cuántas horas tiene el día de Aníbal Fernández? Tiene como 52 horas.

AF: No. 51 y un cuarto.

JM: Cómo hace Aníbal Fernández para estar al tanto de lo que pasa en cada ministerios. Además, Aníbal, vos estás en la chiquita, también. Lo sabemos. Escribís libros, mirás tele.

AF: El problema es de obsesión de trabajo. A mi me gustó siempre trabajar y siempre me distinguí por eso, cuando trabajé en la actividad privada y cuando trabajé en la actividad pública, que comencé allá por noviembre, antes de que comenzara el proceso democrático, en 1983, y no he dejado nunca de estar en alguna actividad pública porque siempre me han invitado a formar parte de algún equipo. Y bueno, hoy me siento en un lugar indicado. El Jefe de Gabinete no es el primus inter pares ni el jefe de los ministros, la jefa es la presidenta de la Nación, pero uno cumple una función, un rol que conforme las instrucciones que la propia presidenta va distinguiendo, o marcando como necesarias, se van llevando a la práctica Uno se acostumbra, como todo trabajo. No sé si yo me bancaría estar tres horas frente a un micrófono trabajando en una radio; no sé si me bancaría manejar un colectivo doce horas. Qué sé yo. Cada uno está para lo suyo. Lo mío me gusta; me gusta estudiar; me gusta estar al día con las cosas, y se hace

JM: Está muy bien que reconozcas el enorme esfuerzo que hacemos todos quienes hacemos..

AF: Pero por supuesto que sí. Mi madre era portera de escuela, y es un trabajo muy difícil y muchos años trabajó de portera, y con el cloro, y el kerosene y al aserrín, y con... Es muy difícil, Una cosa que uno no tiene que dejar de mirarla. Mi viejo fue mecánico del taller regional Quilmes; y levantarse muy temprano, y chupar frío de verdad en hangares inmensos. Y bueno, cada uno está para lo suyo. Creo que es una bendición que uno pueda trabajar en lo que le gusta; a ustedes yo creo que les pasa eso, a mi también me pasa eso, trabajo en lo que me gusta. Entonces, es una bendición que uno tiene encima de los otros.

JM: Yo no disfruto del trabajo.

AF: Yo disfruto del trabajo.

JM: ¿Vos disfrutás?

AF: Sí. Yo soy un workaholic que disfruta de su trabajo.

JM: ¿No hay un momento en que decís "Loco, ¿por qué no me dediqué a ser panadero?"

AF: No. Nunca.

JM: Nunca, nunca.

AF: Nunca. Que lo diga a modo de chiste, es posible, pero que lo sienta no, nunca; sería un mentiroso. Soy un privilegiado de la vida.

JM: Aníbal, vamos a hablar de temas de política nacional; vamos a hablar de coyuntura; vamos a hablar de tu libro...

AF: De todo lo que se te ocurra.

JM: Pero antes vamos a ir a lo importante: La gente en la calle -como diría Mirtha- se pregunta...

AF: Es la zoncera número 44 esa.




Facebook! Reddit! Del.icio.us! Google! Live! StumbleUpon!
29 Abril

Una nota en la Revista Veintitrés

Les dejo una nota de esta semana que publica la última edición de la Revista Veintitrés. La candidatura de Cristina, la guerra con Clarín, la gestión de Garré, la oposición y las zonceras del siglo XXI...

Despojo. Esa es la primera impresión que se tiene al cruzar el umbral del despacho de Aníbal Fernández. A diferencia de otras dependencias públicas, en esos escasos metros cuadrados hay pocos muebles, la luz del sol inunda todos los rincones, el blanco gana la pulseada de colores y los papeles o libros que suelen estar arrumbados en algún escritorio o biblioteca brillan por su ausencia. Ni siquiera tiene allí un ejemplar del que lleva su firma y acaba de editar Planeta, Zonceras argentinas y otras yerbas, un manual que rescata el desafío que inauguró Arturo Jauretche y que, en esta oportunidad, lleva como prólogo un texto de la presidenta Cristina Fernández.

Sin embargo, aquella oficina tampoco es la viva imagen de un ambiente zen. Hay seis televisores prendidos constantemente, un celular que suena por momentos y una notebook que recibe mensajes y Fernández chequea cada vez que puede. Como si en un mismo rato, el jefe de Gabinete pudiera superponer el tiempo. Como si disfrutara –y lo hace– de tanta hiperconexión. Eso sí: celosamente resguardado por los empleados que tiene a cargo, pocas personas pueden entrar en su oficina a la vez. Una condición que, mientras realiza la entrevista con Veintitrés, sólo rompe Carlos Zanini, el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, sorteando las barreras de ese espacio sin siquiera tocar la puerta. Y entonces, cuando Fernández nota su presencia, lo invita a pasar y termina rápido con la sesión de fotos. Porque, de golpe, en su agenda ya no hay lugar para superponer tantas actividades y los retratos para las cámaras no forman parte de su prioridad. “Yo trabajo para la presidenta Cristina Fernández –sentencia–. Y es más: cuando llegue el momento de irme a mi casa, seguiré colaborando porque es el único proyecto en el que creo, pero con pata y todo.”

–En su libro, la Presidenta habla de la batalla cultural que están llevando adelante. ¿Cuál es, concretamente?

–Hay una discusión que se hizo pública entre quienes apreciamos una propuesta nacional y popular, y lo mostramos a cara descubierta con ganas y con vocación, y quienes tienen una visión de otra característica. Las primeras zonceras del libro están dedicadas a eso. Hay una inconsistencia en el discurso de la oposición, que primero define que el problema del país es la baja calidad de la inmigración e, inmediatamente después, dice que el problema de la Argentina somos los argentinos. De ahí pasamos a culpar a la educación, pero nosotros hemos invertido como nadie; después es la educación de los políticos y, finalmente, terminamos en el peronismo. En esta discusión lo que suele suceder con los analistas, con los politólogos, con los (Fernando) Savater, es que como no pueden explicar a la Argentina terminan diciendo que la culpa la tiene el peronismo. Más o menos esa visión es la que nos muestra cuál es la batalla cultural. Nosotros queremos discutir todo lo que estamos viendo como el futuro de los argentinos, con vocación de que haya igualdad de oportunidades para todos.

–Usted es creyente, ¿por ese motivo no incluyó zonceras religiosas?

–Me parecía que lo primero que teníamos para discutir eran aquellas cuestiones que estaban pura y exclusivamente destinadas a lastimar o agredir al Gobierno. En el capítulo que habla sobre el autismo del Gobierno, evidencio el profundo desprecio que se tiene por aquellos que padecen este trastorno del desarrollo y muestro también que en el documento de la Iglesia alguna vez se utilizó ese término para calificar al Gobierno. Con lo cual flaco favor les hacen a aquellos que están dolidos o, por lo menos, preocupados por la situación personal que les toca vivir.

–En referencia a la batalla cultural, mencionó que deben discutirse varios temas en los que ya avanzaron...

–Cuando digo discutir no significa que primero discutimos y después tomamos las decisiones. Vamos a ir tomándolas porque es nuestra responsabilidad como gobernantes. De todos modos, las zonceras no van a dejar de existir nunca. Nacen, existen y seguirán existiendo porque son, como lo dice el propio Jauretche, principios que desde muy chiquitos o en dosis para adultos nos fueron inculcadas como verdades reveladas y terminaron siendo las cosas que nos impidieron pensar el país que realmente tenemos que pensar. No nos detienen las zonceras pero hay que mostrarlas aunque sea para llamar la atención, para que los jóvenes tengan con qué discutir cuando les dicen determinadas cosas que son, más que zonceras, estupideces o muestras exorbitantes de mala leche.

–También quedan muchas cosas por hacer. ¿No considera que el Gobierno debería ser más agresivo en cuanto a la redistribución del ingreso para que realmente llegue a más sectores y con más profundidad?

–En términos de profundizar, diría que lo hicimos a niveles superlativos. Néstor Kirchner tomó la Argentina con 54 por ciento de pobreza, 27,7 de indigencia y 28 puntos de desocupación. Hoy esta última orilla el 7 por ciento, la pobreza está por debajo de un dígito y la indigencia prácticamente se ha extinguido con la Asignación Universal por Hijo y la asignación universal para embarazadas. Ahí estamos hablando de distribución, llegando a los sectores que fueron marginados y excluidos en un mundo neoliberal.

–Pero todavía hay empresarios que son considerados vivos porque evaden impuestos o cobran en negro...

–Eso se les va terminando. Cada vez les cerramos más el cerco. Estamos muy convencidos de que siguiendo con la profundización del modelo vamos a llegar a cerrar ese circuito. Cuando discuten respecto de la presión tributaria o el tema de entidades financieras, que no se explica nada y pocos lo conocen.

–¿Lo mismo sucede con el proyecto de ley de Héctor Recalde, respecto de la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas?

–Ese proyecto, que no conozco bien a fondo, hoy no está vedado a que se discuta en el marco de las convenciones colectivas y genere un acuerdo entre empleadores y trabajadores. No sé qué suerte correrá el proyecto. Hugo Moyano es el secretario general de la Confederación General del Trabajo y como tal tiene responsabilidades y derechos que seguramente llevará a la práctica en defensa de sus representados. El Gobierno tiene sus responsabilidades y el Congreso tiene las suyas. Cada uno puede tratar de consensuar. Varios de los cráneos argentinos discuten como si el consenso fuese la bendición de la mano divina; no entienden que el consenso, justamente, nace después de un disenso. Y eso es lo que suele suceder en la CGT, en el Gobierno, en el Congreso. No creo en un sindicalismo amarillo que solamente reclama. Creo que se trata de un actor con componentes y responsabilidades de participación política que tendrá que hacerlas conocer.

–En las últimas semanas se habló de los deseos de ese espacio de ubicar a sindicalistas en las listas, por ejemplo...

–No me hago cargo de eso, son conjeturas. Tienen todo el derecho. Forman parte de la vida política y si pretenden formar parte de las listas, tienen derecho. Cómo se componen esas listas, habrá que discutirlo cuando llegue el momento.

–¿Todavía no llegó?

–Eso se da el último día, a última hora, desde que el mundo es mundo.




Facebook! Reddit! Del.icio.us! Google! Live! StumbleUpon!

Página 1 de 4