Categoría: Entrevistas Escrito por Aníbal Fernández Visitas: 4657

El senador Aníbal Fernández saca dos sillas de la carpa que alquila en el balneario Olalá, en Villa Gesell, y las pone al sol. “No me pidan hacer la nota a la sombra”, dice. El cielo está celeste, sin nubes, y en este balneario alejado del centro la mayoría de la gente está en la zona de las carpas. Las mujeres se broncean acostadas sobre reposeras, con una botella de agua mineral al lado. Sólo se ve a tres nenes que juegan cerca del mar, meten la arena húmeda en un balde, cada uno con su palita. Sopla el viento, agita las sombrillas de las mesas de la terraza del bar y se lo siente zumbando en los oídos. Aníbal mira por unos segundos hacia el océano.
Un rato antes de recibir a Miradas al Sur, el ex jefe de Gabinete había contestado una entrevista por teléfono, en su carpa. Luego le avisaron que había llegado el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que se acercó al balneario en una recorrida por la costa, supervisando los puestos en los que se pueden hacer los nuevos documentos de identidad. Aníbal se sacó una foto con Randazzo para los periodistas locales y después ambos se sentaron a tomar un café y –seguramente– hablaron de política. Si no fuera por la arena y el mar, podría ser la descripción de una tarde de actividad en un despacho.
–¿Logra desenchufarse en las vacaciones?
–No lo he logrado. Son muchos años en el Poder Ejecutivo. Eso es como venir en una moto, como andar en una Kawasaki con el tanque lleno y es difícil pararla. Yo me despierto, leo, escribo, analizo. Espero poder bajarme de esa moto en unos meses. De todos modos, no soy un tipo pasivo, de los que se levantan y se toman dos horas para jugar al tenis, con todo respeto por los que juegan al tenis. Estoy a las seis y media en la oficina y, como soy generador de mi propio trabajo, voy a estar siempre lleno de laburo. Aunque creo que es bueno bajar un poco los decibeles, la verdad es que yo todavía no lo he logrado.
–¿Qué anda leyendo?
–Estoy con algunos de los libros de Felipe Pigna, los de los mitos argentinos. Son interesantes. También tengo el de Magdalena Ruiz Guiñazú, La casa de los recuerdos.
–¿Se lo compró?
–Me lo regaló ella. También estoy ojeando mi segundo libro, acaba de salir, Zonceras al sol. Es distinto leerlo ya editado que verlo en la pantalla de una computadora.
–Recién dijo que se levanta muy temprano. ¿Es cierto que el primer día en el Senado llegó entre las seis y las siete de la mañana?
–Sí, a las seis y media.
–¿Había alguien?
–Claro, el Senado está abierto a esa hora. Pero quiero decir que no soy ni peor ni mejor que nadie, simplemente es mi forma. Yo no tengo noche. Soy un tipo que a las diez y media de la noche no sirve más para nada. La carroza se me trasforma en zapallo temprano. Cuando estudiaba me pasaba lo mismo, arrancaba temprano. Pero tenía compañeros que se quedaban toda la noche. Yo tengo otro método.
–¿Cómo se sintió estas primeras semanas como senador?
–Bien. Había muchas cosas para hacer. Teníamos que sacar 14 leyes que había mandado el Poder Ejecutivo para las sesiones extraordinarias. Yo tenía posición tomada sobre las 14. A todas las conocía bien. El resto del año haré lo mismo, estudiaré a fondo las leyes que haya que debatir.
–En ese paquete estuvo la Ley Antiterrorista, que generó rechazo en organismos de derechos humanos y dirigentes cercanos al Gobierno...
–Es una discusión innecesaria. Esa ley no se puede usar para criminalizar la protesta ni nada que se le parezca. Era una demanda del GAFI para que Argentina se adaptara a ciertos standars internacionales en este tema. La Presidenta lo pidió porque pensaba que necesitaba esa herramienta y listo. No va a dañar las instituciones de la Argentina.
–El Ejecutivo rechazó muchas veces demandas de organismos multilaterales. ¿Por qué se aceptó esta vez?
–El Gobierno evalúa. Tiene una Presidenta que evalúa en qué momento toma cada posición. Yo no soy quien para discutir esa evaluación, pero además voté totalmente convencido de que había que hacerlo.
–El año empezó con la intervención quirúrgica de la Presidenta, ¿cómo vio el tratamiento comunicacional que tuvo el tema?
–Desde el punto de vista del Gobierno fue excelente. En todos los países serios, cualquier dolencia que tenga que ver con el primer mandatario se comunica de forma inmediata. Eso fue lo que se hizo. Luego se realizó la intervención y cuando se descubrió que no era cáncer se comunicó, como correspondía. Todo ciudadano bien nacido se tiene que alegrar. Yo sigo mucho las redes sociales y leí a varias personas, que no son peronistas, que no votaron por Cristina, pero que estaban contentas de que le haya ido bien. Los otros son especuladores, que quieren aprovechar cualquier cosa para dañar al Gobierno. Es increíble, pero parece que la Presidenta tiene que pedir perdón por no tener cáncer.
–¿Qué le pareció el modo en que presentaron la cuestión algunos medios opositores, como Clarín o Perfil, y varios dirigentes, que insinuaron una maniobra detrás del cambio de diagnóstico de la salud presidencial?
–El diario Perfil es un apéndice de Clarín y Clarín es la mente perversa del impresentable de Héctor Magnetto. No tengo dudas de que él instruyó que se hicieran esos agravios, porque son agravios. Si no quieren ponerse contentos porque la salud de la Presidenta estaba mejor de lo que se pensaba, está bien. Pero inventar una conspiración utilizando el cáncer es de mucha mala leche. Sólo un ser perverso como Magnetto puede conducir algo así, de tanta mala leche.
–¿A qué atribuye este tipo de operaciones?
–Son las estrategias inescrupulosas con las que siempre se han manejado. Lo hacen para ver si sacan alguna ventaja sobre algo que inexorablemente va a pasar, que es la aplicación de la ley de medios. La Presidenta sacó 11.655.000 votos. ¿Qué necesidad tendría de armar una especie de operación con su salud, amargar a su familia y a todos los que la quieren? Se manejó de forma honesta. En un momento contó lo que le dijeron los médicos y después volvió a hacer lo mismo.
El viento que venía del océano se ha detenido por unos segundos. La temperatura sube. Se siente con más fuerza el sol. Aparecen gotitas de sudor por los poros de la piel. Los nenes que jugaban cerca del mar ahora están en medio de las carpas, parados a varios metros el uno del otro, pateando una pelota que salpica con arena al que esté cerca. Mientras tanto, Aníbal contesta una pregunta sobre la oposición:
–No habló de eso.
–Pero Mauricio Macri dijo que tiene la responsabilidad de construir una alternativa nacional para 2015. ¿Lo ve como adversario?
–Lo que te digo de Macri es que apareció la hija de un hombre acusado de proxeneta. (El ex ministro se refiere a Lorena Martins, hija de Raúl Martins, ex agente de la Side, acusado de tener una red de trata en Buenos Aires y Cancún). Yo no puedo ni afirmar ni negar que sea cierto lo que dice esta chica, que acusa a su padre. Pero ella también denunció que esa organización aportó dinero para la campaña electoral de Macri y nadie dijo nada de eso. La Presidenta parece que tiene que pedir perdón por no tener cáncer y Macri aparece en una foto con un socio de este proxeneta y no dice nada. ¿Cómo puede ser? Y el resto de la oposición tampoco habla. Se ocupan del falso positivo de Cristina y esto lo dejan pasar.
–Respecto de la relación con la CGT, usted dijo que había cierto machismo en la cúpula de la central obrera.
–Lo que me preocupó en ese momento es que había dos gremios que habían llamado a paros nacionales, los judiciales y los trabajadores de la Afip. En el caso de los judiciales tenían un planteo salarial. Me parece bien que lo hagan, pero qué sentido tenía lanzar un paro en el arranque de la feria judicial. Los empleados de la Afip discutían una cuestión de horario. No digo que no tengan que reclamar lo que les parezca, pero, ¿cuatro días de paro por un problema de horario? Se vio, entonces, que de fondo había un problema de poder político porque ambos gremios son muy cercanos a Hugo Moyano, que aclaro que es mi amigo. Dije que a algunos les molesta que el movimiento nacional peronista esté conducido por una mujer. Pero, les guste o no, la jefa del peronismo es Cristina y tiene que bregar por el crecimiento armónico de todos los sectores.
–¿La posición de Moyano no tiene que ver con haber perdido apoyo político para seguir siendo el jefe de la central?
–La CGT es una institución que se maneja por su cuenta. Nosotros no tenemos nada que ver en eso.
Aníbal Fernández, que ahora mira por unos segundos hacia el mar, tiene un récord. Fue ministro durante 9 años, 11 meses y 8 días. Ocupó la cartera de Producción con Eduardo Duhalde, la de Interior con Néstor Kirchner y las de Justicia y Jefatura de Gabinete con Cristina Fernández. Sin duda es un observador privilegiado de las posibilidades y los límites del poder político.
–¿De qué depende la capacidad de transformación de un gobierno, de la voluntad, el contexto, o una mezcla de estos factores?
–Cuando vos tenés un presidente como Néstor Kirchner o una presidenta como Cristina Fernández, que no temen tomar decisiones, que trabajan todo el día, porque un presidente no tiene horario, y cuando esos presidentes están convencidos de lo que quieren llevar adelante, las propuestas se hacen fáciles. Uno, como ministro, busca más ideas, políticas públicas que resuelvan problemas de fondo, como se ha hecho, como la recuperación de las jubilaciones o la creación de la Asignación Universal por Hijo. Son cosas que no deberían tocarse nunca más. Aristóteles decía que las leyes no nacían cuando se sancionaban sino cuando echaban raíces en la sociedad, generando hábitos colectivos. Ese es el objetivo. Impulsar medidas que generen un hábito colectivo que sólo pueda ser reemplazado por algo superador.
–¿Hay alguna medida de la que usted haya participado por la que sienta una satisfacción particular?
–Todas las que mencioné. Agregaría también el matrimonio igualitario. A mí me llega especialmente porque amo profundamente la libertad. Cada uno tiene que vivir como quiera y tener los mismos derechos. Impulsar leyes que generen derechos para sectores de la sociedad que fueron censurados o agraviados me satisface. Me hace sentir muy honrado de poder participar de este proyecto.
–¿Qué cosas pueden cambiar de una persona si está tantos años en la gestión? ¿De qué debería cuidarse?
–Alguien que estuvo en un cargo Ejecutivo y sentía que tenía estatura para ocuparlo jamás contestaría eso. Yo siempre me sentí con la estatura para estar en los lugares que ocupé. Ningún ministro duró hasta ahora tanto como yo. Siempre estuve muy convencido de lo que hice y sobre todo desde el año 2003. Yo, que soy un peronólogo hecho y derecho, en ese momento vi que por primera no se mencionaba a Juan Perón y a Eva sino que se hacía lo que ellos habían pregonado. De eso hablo en mi segundo libro.
–Sobre el futuro, ¿qué tema le parece clave para debatir en el corto o mediano plazo en el Congreso?
–No me gusta andar haciendo anuncios con mucha anticipación, pero creo la nueva ley de drogas es un tema importante. Cuando fuimos a Viena, al foro más importante en esta materia que tiene la ONU, planteamos que había que ir por los derechos humanos de segunda generación. Entre ellos está cuidar la salud de los que usan drogas. Las estadísticas sostienen que hay entre un 70 y un 75 por ciento de consumidores recreativos o esporádicos, un 20 o 25 de abusivos y un 5 de adictos. En cualquiera de los casos, hay que generar una ley que se ocupe de la salud de los adictos y vaya con los tapones de punta contra los narcotraficantes. El tiempo ha demostrado que las políticas represivas no lograron bajar la cantidad de producción, ni la cantidad de bandas que se dedican al narcotráfico, ni la cantidad de consumidores. No hay mejor muestra de que esa política fracasó.
La entrevista termina. El ex ministro mueve su silla unos metros y se sienta junto al diputado nacional oficialista José María Díaz Bancalari, que estaba en la carpa de al lado y salió para tomar sol, en una reposera. Los tres nenes volvieron al juego del principio, están cerca de la orilla del mar, arrodillados, metiendo arena húmeda en un balde. Todavía le quedan varias horas al día de playa. Seguramente los nenes seguirán jugando con la arena, las mujeres bronceándose, y Aníbal hablando de política.