Escrito por Aníbal Fernández Visitas: 483
Se trata de un concepto que avalan todas las religiones y los hombres de buena voluntad, sean agnósticos o ateos. No se necesita –y lo digo como alguien que tiene un concepto de la fe muy claro– ser alguien creyente para poder comprender el amor por el prójimo y mucho más cuando ese prójimo es alguien por quien se tiene afectos, alguien por quien hay compromisos afectivos y por quien se tiene amor. Eso, en definitiva, nos comprende a todos, aunque sea cursi o parezca de radionovela de hace cincuenta años.