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Blog de Aníbal Fernández

                                                                                                                       Este asunto está desde ahora y para siempre en tus manos, nene.


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El asesinato de Dorrego o la matriz de la traición

“La traición es jodida en los leales; de los que vos no esperás nada, te importa un queso.”
Carlos “El Indio” Solari

Dorrego derrocado y fusilado es el antecedente de muchos de los males que sobrevinieron en los 200 años de construcción política de la Argentina. El primer golpe de Estado, han dicho muchos. Un “acto necesario” han justificado los cagatintas de la historiografía oficial. Como fuere, atar el crimen más infame e inexcusable de nuestra historia a la malquerencia de unos pocos leguleyos niños bien de Buenos Aires, o la falta de aptitud y raciocinio de Juan Lavalle, “la espada sin cabeza”, es siempre una mirada reduccionista que sólo puede esconder alguna trampa hermenéutica.

La Historia es ese necesario puñado de asuntos que se conjuran para que algunos hechos ocurran. Lo de Manuel Dorrego es eso: una suma de cuestiones entre las cuales la traición tiene un altísimo grado de incidencia.
No habré de extenderme en hechos por todos conocidos. Los errores políticos y económicos de Rivadavia lo obligan a renunciar y luego de algunas idas y vueltas, Manuel Dorrego asume como gobernador de la provincia, lo que parece ser la confirmación de la caída final del unitarismo… pero la conspiración ya estaba en marcha.

El complot tenía su base de sostén militar: el desánimo, la anarquía y la furia reinaban en las tropas destacadas en la Banda Oriental, quienes regresaban a Buenos Aires embroncadas por la irregularidad en sus salarios. Esta desmoralización generaba un caldo de cultivo óptimo para volcar propaganda opositora. El propio Juan Manuel de Rosas manda un aviso: “El ejército nacional llega desmoralizado por esa logia que desde hace mucho tiempo nos tiene vendidos.” Pero Dorrego no le cree. Ni a Rosas ni al resto. Su concepción cuasi romántica sobre el honor de soldado sumada a su camaradería de armas con varios de los oficiales que comandaban esa tropa y su conocimiento de Juan Lavalle (los rumores sostenían que sería él, el jefe del golpe revolucionario) lo hacían negar las noticias.


Acaso haya sido ese su primer error. Pero también fue esa la primera de las traiciones que marcan aquel momento histórico. La ingratitud de sus camaradas y la perfidia de Lavalle toman desprevenido a Dorrego, lo que permite que el 1 de diciembre de 1828, las tropas ocupen la Plaza de la Victoria. Dorrego debió abandonar el fuerte por la puerta trasera. Horas más tarde, un centenar de personas reunidas en la capilla de San Roque elegían gobernador a Juan Lavalle y la historia anotaba el primer golpe de Estado en nuestro país.
Dorrego no huye; sólo se preserva para dar pelea. Va en busca de Rosas y juntos suman las voluntades de paisanos e indios lanceros… unos 2000 que nada pueden hacer contra los 600 hombres que comanda Lavalle, soldados profesionales que venían de pelear la Guerra del Brasil.
Dorrego es derrotado en Navarro y vuelve a escapar. Siempre con la esperanza de poder vencer a quienes lo habían derrocado. Va en busca de su amigo el coronel Pacheco, quien comanda el 5º de Húsares. Se encuentran en la estancia El Clavo. Matean largo en el puesto. Pacheco intenta disuadirlo pero Dorrego, golpeado y perdidoso, aún se siente gobernador de Buenos Aires. A la reunión se presentan los comandantes Bernardino Escribano y Mariano Acha, este último amigo íntimo de Dorrego. El general se pone de pie y avanza para abrazar al recién llegado pero el otro lo detiene con un seco ademán: “Entréguese prisionero”, le dice sin más.


Uno puede imaginar, entre las nieblas del tiempo, la sorpresa y la decepción. Acababa de levantarse, como una ola, la segunda gran traición que imprime esta saga. Los dos oficiales que lo detienen le debían sus últimos ascensos y Acha, además, es casi un hermano. “Compadre, ¿se ha vuelto loco? Pues no esperaba de usted semejante acción”, lo increpa Dorrego. Pero se entrega manso porque aún cree.
Las órdenes de Buenos Aires para estos perjuros de poca monta son trasladarlo a la Capital pero el coronel Rauch, otro enemigo declarado de Dorrego, cambia de rumbo y lo lleva hasta Lavalle.
El resto es conocido. Lavalle se niega a recibir a Dorrego y le dicta su sentencia de muerte a través de un subalterno. Tiene, sobre su escritorio, la carta de Juan Cruz Varela en la que el poeta unitario lo presiona diciéndole: “(…)este pueblo espera todo de usted, y usted debe darle todo”, y luego cierra su misiva: “Cartas como estas se rompen.” Todo era simplemente fusilar a Dorrego. Lavalle “olvidó” romper la carta.
En ese acto se inscribe la tercera traición. Dorrego, que prácticamente ha abandonado la vida militar para volverse un político, espera que Lavalle honre el uniforme que viste recibiéndolo como a cualquier soldado derrotado. Pero el “vencedor” ni siquiera tiene la valentía de informarlo personalmente sobre su fusilamiento.


Una tragedia en tres actos en los cuales la traición aparece como “leitmotiv” del relato. Dorrego es traicionado en su fe porque cree que sus compañeros de armas eran incapaces de derrocarlo; es traicionado en sus sentimientos cuando hombres de su más íntima amistad son los que lo apresan y lo entregan y es traicionado en su honor de soldado cuando su vencedor ni siquiera lo sentencia personalmente.
La “traición nunca prospera”, dice una frase atribuida tanto a  Shakespeare como al poeta inglés Sir John Harrington. Tengo mis dudas sobre eso. Los que traicionaron a Dorrego instalaron dos siglos de infamias y terror en la política argentina.


Sé que Dorrego es traicionado y sé, también, que es él quien abre la lista de los asesinatos políticos brutales de nuestra historia. Pero sobre todo sé que, como sostiene el filósofo Ernest Renán, “sólo se es mártir por las ideas de las que uno no está seguro. Se muere por las opiniones, nunca por las certezas; por lo que se cree, no por lo que se sabe. Cuando se trata de creencias, el gran símbolo y la más eficaz de las demostraciones, es morir por ellas.”


Y sé que Dorrego lo sabía. Así sea.




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Comentarios  

 
#15 BARILATI 13-12-2011 20:46
¿Por que siempre hay que estar reivindicando a alguien ? No será el momento de mirar el presente no sea que nos encontremos en un futuro muy próximo defenestrando a algún personaje que nos traiciono en las narices.
 
 
#14 POBRE PATRIA MIA 13-12-2011 14:53
CONOCER GENUINAMENTE NUESTRO PASADO PERMITIRA CONSTRUIR EL FUTURO EXITOSO PARA NUESTRA PATRIAVer Video: www.youtube.com/.../
 
 
#13 Federico Fernández 13-12-2011 14:02
‎... Dorrego muere porque los Hijos Putativos de la Ilustración (Rivadavia,More no) querían fundar un Estado desde una Cosmovisión diferente a la que tenia Nuestro Pueblo, por eso se levantaron los Caudillos Federales al grito de "Religión o Muerte", debemos realizar inmediatamente una relecturas de Nuestra Historia y debemos hacerlo a travez de pensadores nacionales con profundo sentir Popular, Fuerza Cristina , Venceremos , Peronismo Revolucionario - Linea Liberación ...
 
 
#12 Juan Urosevich 13-12-2011 13:19
Muy buena síntesis. Mucha claridad de conceptos.Ya con el "ilustrado" Rivadavia comienza una enorme lista de vendedores y expropiadores, lista que aun sigue.
Desde Los Toldos le deseo mucho exito en esta nueva tarea, el que será entonces abarcativo a todos nosotros. Un abrazo.
 
 
#11 Daniel 13-12-2011 12:51
Eso es empezar a recuperar la historia. Las grandes familias adineradas traicionaron a los patriotas. Dorrego (fusilado), San Martín (tuvo que huir), Belgrano (olvidado y pobre), Artigas (exiliado en Paraguay luego de perseguido por el ejército español, el portugués y el porteño) y Güemes, asesinado por los españoles con la complicidad de las principales familias "criollas" de Salta... Saludos
 
 
#10 Roberto Botacin 13-12-2011 12:39
Osvaldo Bayer le suma a este asesinato la crueldad de los momentos posteriores, porque dice que Lavalle Mandó a destrozar el craneo a culatazos.
 
 
#9 Diogenes antonio 13-12-2011 11:47
Es hora que empiece a surgir la verdad. Docientos años de espalda al pais con miles de traiciones de toda laya han generado las enormes fortunas, todas mal habidas que todavia hoy generan presiones intolerables, eso sin tener en cuenta que esas fortunas son migajas comparadas con el latrocinio de los patronnes para quienes se vendieron.
 
 
#8 Roger 13-12-2011 11:33
 
 
#7 Ariel Paniagua 13-12-2011 10:54
Estimado Aníbal: lo felicito por su lectura y capacidad de sintetizar miles de datos de nuestra rica historia. Existe un dato donde quiero profundizar: "Los errores políticos y económicos de Rivadavia lo obligan a renunciar". Rivadavia es el padre de la oligarquía por ser él quien entrego mediante Ley de Enfiteusis las tierras del pueblo a los grandes estancieros. Entre ellos se encuentra Del Carril, uno de los azuzadores de Lavalle. Éste, unitario, no entiende de federalismos ni derechos ganados por el pueblo. El orden económico doblega en este caso a la política y muestra como un sector, minusculo pero poderoso, se vio acorralado y actuo sin mirar los costos, anteponiendo intereses personales por sobre los del pueblo. Esas mismas familias, en la actualidad, siguen obrando tal cual sus antepasados. Saludos maestro! Ariel de la ciudad de Rojas
 
 
#6 Barrs Norma 13-12-2011 10:44
Gracias, profe, siga asi.
 

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